Ser inmigrante no es fácil. Si mudarse de una ciudad a otra en un mismo país o mudarse a otro país en donde se habla el mismo idioma es difícil, el llegar a un país nuevo en donde se habla otro idioma lo es muchísimo más.
Y es que posiblemente en nuestro idioma nuestro hablar era con gracia. Ahora, en un idioma que medio hablamos, sonamos torpes y sin ninguna gracia. Después de vivir varios años por acá me he dado cuenta que hay varios factores de peso que marcan las diferencias entre culturas.
1. Lo primero y más obvio es que nuestro conocimiento del idioma es limitado. No sabemos y muchas veces no entendemos muchísimas de las palabras que son de uso común en el otro idioma. Aún cuando estudiamos el idioma en la escuela y sabemos alguna palabra que se traduce en el idioma, en ocasiones nos enseñaron palabras que no describen lo que queremos decir, que no son de uso común o que se usan en otra región en donde se habla el idioma. En segundo lugar, obvio la construcción gramatical es diferente. Pero creo que cuando tenemos un dominio digamos, regular del idioma, nos damos cuenta que hay otro factor que no consideramos antes: nuestros pensamientos fluyen de manera distinta pensamos diferente, entendemos diferente, expresamos lo que sentimos de manera diferente.
Yo estoy en un círculo cristiano y cada miércoles voy a leer la Biblia. Aprendí la Biblia en español y en cierto punto daba clases. Ahora, aunque conozco muy bien la Biblia, y tenemos un libro en común, el enseñarla se ha hecho muy difícil, lo que expreso no es entendido en forma precisa por mis oyentes. Pensamos diferente.
2. Lo segundo son las diferencias culturales. Lo que en nuestra cultura puede sonar como atención, buenos modales y hospitalidad, en otras culturas puede sonar a hacer presión, ser entrometido o chismoso. Mi esposo nació en este país. Esa es una gran ventaja, pues cuando quiero tener alguna interacción especial, como invitar a alguien que no conozco bien, siempre lo consulto.
Por ejemplo, el dar tarjetas de cumpleaños, Navidad, etc, no es un uso tan generalizado en nuestros países como en estos países del norte. El otro día fui al cumpleaños de una niña de 3 años; aunque no sabe leer prestó igual o más atención a las tarjetas de cumpleaños que a los regalos. Eso no sucede en nuestros países, las tarjetas de cumpleaños son dejadas a un lado (a veces inclusive las descartamos sin leer) favoreciendo los regalos totalmente.

Hay veces que mi pareja hace chistes en el supermercado a personas que son totalmente desconocidas. Ese tipo de chistecitos ameritarían una buena cachetada latina, pero aquí son bienvenidos con una sonrisa.
Creo que uno de los lenguajes universales (a pesar de ciertas exageraciones y manoteos entre cultura y cultura) es el lenguaje corporal. Ahora que mi funcionalidad en el lenguaje oral no es muy buena, he tenido la tendencia a observar el lenguaje corporal en las personas. Si apuntamos las rodillas a nuestro interlocutor, quiere decir me caes bien; si cruzamos las manos quiere decir no quiero saber del tema; etc, etc. Así es que, de una forma u otra, siempre hay un punto de contacto, el contacto humano y con la buena voluntad de los que nos escuchan, siempre seremos capaces de comunicarnos y qué caray, como en mi caso, si tengo mucho que decir pero no puedo, lo escribo.