Por muchos años, mi relación con mi padre no fue muy buena. En parte debido a su enfermedad, y en otra a un choque de personalidades, en mis etapas de adolescente y adulto joven, nunca pudimos acercarnos.
Siendo ya un adulto me acerqué a Dios, empecé a leer La Biblia, y a conocer las enseñanzas de Jesús acerca de un Dios Todopoderoso al que podía llamar Padre. Me fue fácil aplicar y entender el concepto de un amoroso Jesús que dió su vida por nosotros. Sin embargo, debido a las diferencias con el padre que Dios me dio en esta Tierra, no podía asimilar el concepto de un Padre en los cielos.
En los últimos años, pude acercarme a mi papá como nunca antes lo había hecho. Comprendí muchas cosas acerca de él. Me di cuenta que en muchos aspectos somoos muy parecidos (como dice el dicho, un merenguero no puede ver a otro) y encontré a un padre muy lleno de ternura, de besos y caricias. Hoy, él ya no está con nosotras. Pero esos últimos años con mi amadísimo padre, me dieron la oportunidad de entender el concepto de un padre amoroso que está en los cielos.


